Viaje a Ghana. Domingo 4 de diciembre

by Bernardo on 12/03/2006

El martes comenzó con prisas y pocas horas de dormir para algunos. Los más ávidos de cultura y nuevas experiencias, Pepe, Ignacio y los americanos, se fueron de safari a las 5 y media de la mañana.

Yo entre lo mal que me encontraba y la necesidad que tenía de sueño decidí que me quedaba. Pedí que me llevaran el desayuno a la habitación. Más fruta y agua embotellada. Pedí que me diesen conexión wireless a Internet y un adaptador de enchufe europeo a enchufe británico que es el que utilizan en Ghana, otra reminiscencia de épocas coloniales. Los ingleses se marcharon de Ghana en 1957.

Después de dormir un poco después del desayuno y de comprar alguna cosa en la tienda del hotel que cubriese las necesidades en que la pérdida de nuestro equipaje nos había abandonado, me fui a la piscina. Llevaba un bañador que Jonathan me prestó. Muy en su estilo, era la mínima expresión de algo que pudiese llamarse bañador: transparente, pequeño, ajustado y provocador de reclamos sexuales.

Llamé a Guadalupe para felicitarle su cumpleaños. Estaba en Salamanca con todos.

No vi a nadie de mi grupo. Elegí una hamaca debajo de una palmera y con la ayuda de mi ipod y la siempreigualsonante música de La Oreja de Van Gogh, conseguí dormirme. El pudor pudo al calor que sentía, y no conseguí quitarme la camiseta: el bañador que me había dejado Jonathan cruzaba la línea lo aceptable en cuanto a tamaño, transparencia y elasticidad.

Marisa, Cristina e Imke aparecieron por la piscina con bikinis y pareos recién comprados en la tienda del hotel. Pusimos las hamacas juntas y empezadas a charlar. Con la seguridad que confía la sola presencia de personas conocidas, me quité la camiseta y me lancé a la piscina. El agua estaba más caliente de lo que esperaba. 12 horas de sol constantemente durante todo el año se encargan de mantenerle a una temperatura que seguro pasa de los 23º C.

Ignacio apareció con el resto de los tempraneros hacia las 3 de tarde. Fuimos todos a comer al restaurante del Hotel, cerca de la vallada playa. Comimos de buffet, probé un estofado de cabra estupendo.

Después de comer. Nos tumbamos un desordenado rato, hasta que de camino a la habitación me encontré con Kate, que estaba muy nerviosa pero contenta de tenernos a todos en Ghana.

Quedamos a las 8 en el lobby del hotel y siguiendo la recomendación de la recepcionista del hotel, fuimos a cenar al restaurante NextDoor, donde improvisadamente nos montaron unas mesas al lado del mar. David cenó con nosotros en aquel sitio sin mucha luz, mezcal entre chiringuito de playa y bar de carretera.

Yo cené un pescado del que no me he separado desde entonces, Tilapia. Me senté al lado de Jonathan, donde tuve ocasión de catch up with. Los resortes de mi culpa católica estaban en funcionamiento desde que le vi en el aeropuerto. Hacía meses que no hablaba con él, no le llamamos cuando Ignacio y yo estuvimos en Boston en julio y no fui a su fiesta de cumpleaños en Septiembre; ni siquiera le llamé: really bad boy. Le tengo un cariño muy especial y espero que estos días hayan compensado mis descuidos de estos meses.

Me acosté mientras el resto del grupo iba al aeropuerto a por las maletas que no habían volado con nosotros el día anterior. Ignacio llegó en la fase más profunda de mi sueño y apenas recuerdo sus comentarios acerca cómo las maletas de Yoshi e Imke no habían aparecido. Con estos turbios recuerdos acabó nuestro segundo día.

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